Mi aula, mi jardín.

El título lo resume todo. Podríamos estar hablando de diferentes metodologías, por un lado más activas, en las que el alumnado participa activamente en su aprendizaje, o más tradicionales, en las que éstos reproducen contenidos ofrecidos por el docente. Podríamos estar hablando de los cambios sociales, cambios que se ven reflejados no sólo en la calle, sino en las aulas. Tengo gran estima por todos aquellos docentes que utilicen una u otra metodología tienen como principal objetivo el crecimiento personal de todos y cada uno de sus alumnos. Mi aula es mi jardín. En ella caben las más diversas flores, todas ellas de una belleza singular, y todas precisan una atención especial. Unas tienen colores brillantes, otras necesitan cuidados extremos, unas crecen bajo la atenta y necesaria mirada del sol, y algunas sólo crecen bajo un manto oscuro, profundo, en donde su espacio es su bien más preciado. Las hay que añoran una suave lluvia, un poco de agua que atienda sus necesidades, y sus opuestas, las que con poca atención, con poca agua se hacen fuertes y arraigan sus raíces fuertemente en la tierra fértil.
Todas ellas con sus diferentes tonalidades cromáticas que si las observamos nos envuelven en un mundo de color y de alegría.
Hace muy poco, escucho una gran verdad. En un curso, diferentes grupos tras un pequeño debate llegan a la conclusión que lo que pretenden es conseguir que el niño/a sea feliz y se prepare para la vida. En ningún momento comentan aspectos curriculares, de adquisición de conocimientos, simplemente centran su intervención en la felicidad, en que deben ser felices. Totalmente de acuerdo. Deben ser felices. Me pregunto, el motivo entonces por el cual una vez se vuelve a la vida “normal” en el aula, esa necesidad varía y sólo se ven aspectos relacionados con lo académico. “Tengo que cumplir con los aspectos legales” o “debe saber leer y escribir ya”. Dejamos de lado esa ansiada felicidad del alumno que conlleva su atención y su curiosidad hacia el aprendizaje.
Nosotros, los maestros y maestras somos los que atendemos esas necesidades, priorizamos que es importante en cada uno, atendemos su crecimiento individual, diferente a cualquier otro compañero, y suministramos esa agua que es necesaria para que se formen personas. En primaria, junto con la familia estamos en la primera etapa de formación, y en algunos aspectos, la más importante para que crezcan. Lo académico, es importante, pero no más que la fórmula del agua H2O, forma personas, HONESTAS, HUMILDES y OSADAS.

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