El alumnado como protagonista

Dicen que el verdadero problema que tenemos los maestros del SXXI no es la brecha de contenidos, sino la metodológica. La clave es cómo llegamos a nuestro alumnado, cómo hacemos para que el tiempo en la escuela sea un tiempo productivo en el cual el alumno se sienta partícipe de su enseñanza. Si iniciamos el camino de la revolución metodológica sabemos que será un camino duro, necesitas de tu pasión para llegar a buen puerto. ¿Y cuándo debemos dar ese paso?, ¿cuándo sabemos que estamos preparados? La respuesta viene dada a cada uno de nosotros cuando nos hacemos la pregunta. Es decir, cuando yo comienzo a reflexionar y hacer visibles mis pequeños problemas, es cuando estamos preparados para el cambio.
Si queremos hacer algo diferente debemos dar un paso hacia la incertidumbre, vivir esa incertidumbre, cometer errores y aprender. Pasar de una educación basada en la evaluación, a otra basada en el aprendizaje.
Y ante todo, respeta los tiempos de cada niño, respeta los tiempos en la escuela. Ofrecer al niño el tiempo que se le arrebató.

“La próxima vez que alguien te plantee un sueño alocado, anímale a hacerlo posible”

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Un caos divertido

Empezar a poner en práctica la metodología PBL no es simplemente conocer los pasos que hay que dar. Debemos empezar por crear el clima adecuado para ello.
Ahí radica uno de los principales miedos de los docentes. Ese tiempo que debemos conocer, un tiempo que algunos pueden valorar de forma positiva, pero también un tiempo en el que podemos creer que no tenemos el control del aula. Es ese tiempo, esos instantes más o menos largos donde todo “se nos va de las manos”. Si queremos ver el arco iris, debemos primeramente mojarnos y escuchar los truenos.
Todo lleva su tiempo, como proceso que es, y debemos pasar posibles dificultades para que el aula se convierta en una lugar en donde las relaciones nos lleven a compartir información y aprendamos.