Al hilo… de la evaluación

Al hilo del post “¿Para qué evaluar?” https://descubriendoaquello.wordpress.com/2015/02/10/para-que-evaluar/ han surgido unas preguntas sobre la capacidad docente. ¿Cómo evaluar si un maestro/a está capacitado para su profesión?
Las preguntas me las hace llegar Nancy, profesora de Historia del Arte en Perú, en donde en la actualidad se está llevando a cabo un congreso de educación disruptiva a cargo de María Acaso. Este es el enlace del evento.
Teniendo en cuenta que en el anterior post comentábamos que NO hay evaluación objetiva, teniendo en cuenta que siempre hay un contenido inconsciente en esa evaluación, me preguntan ¿cómo se puede determinar si un docente está capacitado para ejercer su profesión?
Ante esta pregunta volvemos a reflexionar en el hecho de cómo evaluamos, y sobretodo el por qué de este acto. En estos momentos, al menos en España, para ejercer la docencia se debe pasar por unas pruebas de oposición, exámenes, vomitar contenidos, pruebas completamente fuera de la actualidad diaria de la escuela y a partir de ahí tienes acceso a un puesto de trabajo.
¿Cómo podríamos revertir esta situación? Pues la respuesta es bastante complicada, ya que cuando hablamos de evaluar no siempre son situaciones justas. En algunos países el acceso a esta profesión es más complicada, con una nota media más alta, así como también la realización de un MASTER y lo que para mi es de más interés, un seguimiento del trabajo, de su desempeño en el aula.
En ese momento nos podríamos acercar un poco más a una evaluación más “justa”, aunque siempre estaría el condicionante de quién me evalúa, y en base a qué criterios. No siempre esos criterios están claramente definidos.
Su experiencia en el aula para mi es importante, y también decir que esa experiencia también es pasado, y la escuela, la enseñanza, está en continuo movimiento, o eso se pretende, se van dando #cambioeducativo s para llevarla a un lugar merecido, reconocido y cercano a la sociedad actual. Por tanto, si algo se mueve en educación, partimos siempre del pasado, de las experiencias, es la base para futuros cambios, no deberíamos olvidar que esa experiencia es de la que nacen nuevas formas de enseñar, o incluso podríamos decir, volver a enseñar en algunos casos como se hacía hace muchos años, la importancia del ser humano con la inclusión de los avances que proporciona la sociedad.
Deberíamos partir de una evaluación interna, y cuando digo interna, me refiero personal, la situación de mi aula, el ambiente de aprendizaje, y recibir feedback de mis propios compañeros/as para mejorar y facilitar los momentos idóneos para que el tiempo en la escuela sea productivo. Este momento, ese feedback es de vital importancia, recibiendo una información diferente en algunos casos a la mía que van a hacer y proporcionarme herramientas para mejorar mi labor. El mismo caso es la “puerta abierta”, el acceso en todo momentos de otros compañeros cuando estoy impartiendo clase, con la riqueza que eso va a producir a nivel colectivo, aprendiendo de diferentes experiencias.
Y sí, al final una evaluación docente, su desempeño, su capacidad sería interesante, pero ¿quién la realizaría?, ¿en base a qué criterios de calidad? Y lo más importante, ¿quién determina qué es calidad?

“Huye de quien diga que lo sabe todo, siempre estamos en continuo aprendizaje”

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¿Para qué evaluar?

Sí, llega un momento que debemos evaluar. El alumnado pasa su tiempo en la escuela y posteriormente nosotros debemos evaluar ese tiempo. Pero, ¿para qué?. Aunque yo también preguntaría, ¿cómo, cuándo, por qué?. Me niego a valorar con una nota numérica todo ese trabajo y tiempo que están en la escuela, como si, ese tiempo se tiene que ver reflejado de una forma cuantitativa. Debemos ser humildes y honestos con la forma de valorar, y realmente osados para transformar la enseñanza partiendo de la evaluación.
Un aula democrática en la que todos participan incluso en el momento de sentirse “juzgados”. Pero, no es un juicio, es un momento de reflexión de saber dónde estamos, ser conscientes de lo que sabemos y lo que debemos mejorar.
No entender la evaluación como arma contra ellos, de creación de miedos y temores, sino una herramienta dispuesta al servicio de todos para que el aprendizaje suceda y se tenga constancia del mismo.
¿Hay alguna forma de evaluar claramente objetiva?. No la hay. Siempre hay una parte inconsciente que tiene un valor que añadimos al proceso.
Podemos introducir rúbricas, materiales que a la hora de evaluar estén dentro de la dinámica de aula, del aula democrática, de un aula participativa. En definitiva, un aula que reflexiona sobre los momentos vividos.
Si siempre hemos evaluado de una forma tradicional, exámenes, actividades,…, debemos reflexionar sobre este punto. De esta forma, ¿han pasado los alumnos de curso con conocimientos asimilados?, nosotros los docentes, ¿podríamos aprobar cualquier examen de una etapa educativa?.